
Es que estar bailando al son de la música electrónicos es sentirse libre, navegando por la pista sin ataduras, sin poses y en las diferentes direcciones que tu elijas. Es dejarte en manos de lo que estás sintiendo. Te encuentras con muchas personas, pareciera que vienen del mismo sitio, que todo esta bien y no hay otro fin más claro que danzar al son de los discos y sus distintos sonidos naturales… No es Berlín o NY, es tu ciudad y tu gente, que importa el espacio geográfico, las fronteras desaparecen y en esta aldea global, todos los que aman y se dejan amar están unidos… no quiero decir que carezcamos de país e historia; al contrario tenemos claridad de lo que somos y más conciencia que muchos, que por miedo a la libertad no se atreven a contagiarse con esta hermosa forma de reencuentro.
La música está hecha aquí y ahora, por los D.Js. y sus infinitas mezclas y composiciones, tan real y tan precaria como un rayo de luz que origina el arco iris. Todo se desarrolla en la pista de baile por cuerpos que danzan y se conectan y nos con otros, donde te haces parte de un círculo que interactúa y se reparte en ese espacio creado por tí y por muchos otros. A veces eres e gran protagonista y en el centro de la pista todo gira en torno a ti, depende sólo de tu conexión con la música.
Sin duda te pierdes en el baile, tal como los músicos han desaparecido en los discos, es en este momento en que dejas de ser centro de atención y todo tu ego se ha diluido, estas entrando en un encuentro consciente de libertad; tus rollos familiares, afectivos, sociales, religiosos, se comienzan a perder en este orden que para algunos sólo ha de significar ruido.
Danzas para dejar entrar en tu cuerpo la música, saludas y encuentras nuevos rostros, luego ellos se pierden en este infinito de seres amables y llenos de energías positivas, no cae en este sitio la mala onda. Pasas de un espacio a otro y muy consciente vez que este cuadro construido con muchos otros iguales, es real y tiene los mismos elementos que componen una oficia, una casa, un banco o la universidad… hay muebles, computadores, luces, tecnología virtual, teclados… es probable que todo este ambientado de otra forma y con un objetivo diferente, pero al final es lo mismo que conforma lo cotidiano… desordenado para conseguir el orden espiritual. Sin duda bailas y gritas para liberar tu primitivo ser que desea tener su espacio, limitado por tantos y por tanto, bailas para expresar tu euphoria interna y dejarla alcanzar paz.
Cuando en el 2030… y algo más se de una revival de la música electrónica, o como le quieran poner, sin duda estaremos más allá de nuestra imaginación, no podemos saber que sea lo que la sabia humanidad tenga que vivir, lo que si tenemos claro que el arte seguirá su marcha y todo lo que hasta ayer parecía algo de locos, sólo para unos pocos, muy inentendible… sin duda en ese momento estará dentro de nuestra cotidianidad.
No tememos al cambio, muchas veces lo hemos experimentado, tanto en lo biológico, como en lo espiritual, social, psíquico, emocional, en fin del mil formas y más. Nos toca vivir la era de acuario ahora, con fuerza y sabia nueva. Somos los nuevos hippies contemporáneos, que danzamos dentro de maestranzas abandonadas y disfrutamos ahogados por el smog, comemos comida desechable y esperamos siempre lo inesperado, componemos sones desde el ruido de una máquina y danzamos con estos ritmos ya desarrollados, somos sin duda los hijos de la tecnología que nos adentramos en el futuro, sacando acordes desde el cemento y tratando de armonizar nuestro medio para hacerlo un poco más amable y llevadero.