El Baile es de Todos

Loveparade para Chile, para el amor

QUE LE PASO A LA FIESTA LIVING?

Living: Espacio Riesco Review – Phillipe Truan.
Las fiestas Living llevan ya un par de años marcando presencia en la desgastada escena electrónica Chilena. La primera vez que concurrí a una fue en esas que se organizaban en el teatro Telerón. Living lo podría describir como un concepto que comenzó lleno de glamour, con fiestas muy bien producidas y una marcada tendencia hacia la moda y el arte. De partida la misma entrada a la fiesta, constituía un elemento de atención: verdaderas tarjetas de crédito muy futuristas y novedosas. La calidad de la música también era una novedad, con un interesante arribo de Djs provenientes principalmente de Brasil y Argentina, que nos aportaban un sonido diferente para disfrutar, además de una conexión con la escena electrónica a nivel sudamericano.
Luego de un tiempo, el lugar debió por diversas razones ser cambiado – Ya no se hacen fiestas en el teatro Teletón lo cual es una pena, ya que cada día quedan menos lugares para hacer una fiesta decente.
Living ha tenido que pasar por lugares como Estación Mapocho y Espacio Riesco. El concepto living se ha mantenido en el tiempo y constituye uno de los pocos espacios constantes en el fugaz mercado Chileno. No es menor el esfuerzo de gente como Euphoria, Dreamvibe (Earthdance), Street Machine (Creamfields, Sun Tour), club La Feria, Piso 33, Dj School, glovox entre otros, por mantener viva a la electrónica nacional en el tiempo. A mi me consta, por el hecho de que soy parte de esta escena, que muchas veces (quizás la mayoría) los eventos se levantan por amor al arte, ya que en este país nunca existe la seguridad de que te va ir bien con una fiesta aunque ésta se llene.
A pesar de lo encomiable de éste esfuerzo, constituye un peligro realizar las cosas a medias. Por un lado tenemos el hecho de que los eventos se realicen y no desaparezcan con el tiempo. Por otro lado, tenemos la calidad del evento mismo y su propia fisionomía. El ejemplo más ilustrativo lo constituye Creamfields el año pasado, que se desdibujó por completo. Como fiesta se podría decir que fue una más de esas que hace Street Machine: una producción prolija, artistas de primer nivel, masiva, llena de rostros faranduleros, etc, pero eso no era Creamfields y por lo mismo queda un sin sabor. Se juega con las expectativas del público y ese juego es peligroso porque puede dañar la imagen de la empresa o productora que realiza el mediocre esfuerzo o en el mejor de los casos, del evento mismo que pierde credibilidad.
El living que vimos el sábado pasado fue completamente diferente de lo que veíamos habitualmente. Se podrían dar muchas razones del fiasco de fiesta que se hizo, razones económicas, falta de tiempo, falta de apoyo, etc., pero lo que interesa es revisar lo que el evento fue realmente.
Una ambientación nula en un lugar bastante amplio que daba la sensación de vacío. Una iluminación muy básica y precaria que lo único que hacia era molestar e inhibir a la gente. La ausencia de visuales. Un sonido pésimo, tan bajo que daba la impresión de que la gente no bailaba ya que no sentía la música. Por último está el hecho de que el Dj no estuvo a la altura de las expectativas (si es que hubo expectativas). En resumen la fiesta fue mala y no hay mucho que rescatar más que el hecho de que se hizo.
Esperemos que Living vuelva a recuperar su esencia y que los próximos eventos estén a la altura de lo que se ha estado haciendo durante un buen tiempo. Los esfuerzos de la productora son dignos de aprobación y deben ser apoyados por la escena pero a veces, es mejor abstenerse que hacer las cosas a medias o en definitiva mal.

EL FANS DE SERGIO LAGOS

LA INGRATITUD



Daniela Haverbeck, dj y productora musical

Viendo TV, hoy me enteré de que una gran actriz chilena está muy enferma. Una actriz que pocos deben recordar, pero que tiene un vasto currículum en cine, teatro y Tv.

Parece ser la tónica en nuestro país: artistas olvidados, que alguna vez fueron muy queridos, galardonados y aplaudidos… Alguna vez. Y parece ser que nuestra escena electrónica no está ajena a esta ingratitud frívola, desmemoriada, que pasa por encima de años, talentos, historias y emociones.

La trayectoria de un dj debería valer oro: sus logros, experiencia y desarrollo dentro de nuestra escena. Pero eso no sucede: pronto, el público, los ravers, se olvidan (si es que alguna vez realmente valoraron algo o a alguien), y se dejan seducir rápidamente por los miles de djs nuevos que aparecen cada día, que “mezclan” con Ableton Live sus mp3 “no comprados”… Ok, dejando esos tipos de “djs” de lado, convengamos en que es normal que nazcan nuevos artistas y que tengan un espacio en el movimiento electrónico. Pero también digamos que no es normal que se dejen de lado a los dinosaurios, a los oldschool, a quienes construyeron esto, a quienes marcaron pauta. Si en Europa la trayectoria de un Dj hace subir su tarifa, acá no debería ser menos, pienso yo. Pero no: acá, donde todo es diferente, eso también lo es. Acá se olvidan rápido de quienes los hicieron saltar, reír, vibrar, gozar… Acá sólo quieren carrete, minas y copete.. y música prendida, “elegante” o de moda (ojalá mezclada).

Qué pasa si mañana desaparece “dj Toño”, (ficción, claro está) quien lleva 10 años tocando, produciendo? Y que además marcó pauta dentro de nuestras fiestas? La respuesta es: nada.. Triste, pero cierto. Nadie te echará de menos, Dj Toño, nadie extrañará tu onda, tu música. Es más: muchos, quizás, ni sabrán quién eres y quién fuiste. Mientras hayan fiestas y copete, todo está bien. Y del horno seguirán saliendo más y más djs en serie, y no importa, así los productores pueden pagar cada vez menos, por que la oferta es enorme y son todos iguales. Y dj Toño? Chao con Dj Toño, nadie lo necesita, nadie pide por él, nadie le toma el valor a lo que es tener a un dj con años de experiencia en el cuerpo, entonces para que pagar lo que dj Toño se merece?

A esa ingratitud, se suma el ya conocido chaqueteo: lo de afuera siempre es mejor.

Acá tenemos mucho talento, excelentes djs… y también tenemos carroña. Y el problema está en que, como no tenemos una verdadera cultura electrónica, no hay control de calidad. Cualquiera puede hacer todo, pero quién evalúa si lo hace bien? El público. Pero nuestro público (con todo respeto) con suerte distingue los estilos, con suerte se sabe los nombres de los djs más conocidos (más popular no necesariamente es lo mejor), y con suerte tienen reales sentimientos hacia esta música. En resumen: no tenemos filtro de calidad, o es muy escaso. Y claro, entre otras cosas, esto genera chaqueteo (porque la gente no sabe realmente qué ha hecho tal o cuál artista, porque como es chileno a quién le importa), y nos trae la malvada ingratitud.

Yo sí extraño las fiestas de antaño, llenas de matices y sabores, en manos de djs esforzados, aperrados, que hicieron a pulso lo que hoy tenemos: esos djs con los que di mis primeros pasos de baile ”technoides”, bailando junto a una reducida masa de fanáticos que eran movidos por la necesidad de sentir esta música, no de taquillar, no de “jotear”. No habían elites, diferencias, era sólo la música. Volver a eso es mucho pedir, es casi imposible. Pero sí puedo esperar respeto por quienes realmente la llevan acá. Por que aunque sigan saliendo djs del horno, la historia que imprime la experiencia en el cuerpo de un experimentado “lobo de mar” no se puede copiar ni plagiar.

Algunos dirán: ah, pero cada dj debe mantenerse vigente, moverse.. – Y es ese el punto, que un dj con trayectoria importante, que continúa en el circuito, está vigente por su sola historia. No es acaso su trayectoria lo que avala la calidad de su trabajo? Y qué es moverse: hacer la pata, cobrar menos, “ofrecer sus servicios”, producir sus propias fiestas para poder tocar? No, pues. Dj Toño ya sudó la gota gorda, dj Toño la lleva. Y como dice el refrán: ahora quiere cosechar lo que sembró con tanto amor y pasión.

No seamos ingratos. Ni tampoco seamos patudos.

Espero que esto cambie, que nuestro movimiento electrónico no sea como nuestra Tv, que olvida a sus dinosaurios y sólo los recuerda cuando ya no están.